domingo, 16 de diciembre de 2007

Admiración

Admiración, según la Real Real Academia Española, acción de admirar. Cosa admirable. Signo ortográfico (¡!) que se pone antes y después de cláusulas o palabras para expresar admiración, queja o lástima, para llamar la atención hacia algo o ponderarlo, o para denotar énfasis.


Ante tan clarificadora explicación, me remito al verbo Admirar. Causar sorpresa a la vista o consideración de algo extraordinario o inesperado. Ver, contemplar o considerar con estima o agrado especiales a alguien o algo que llaman la atención por cualidades juzgadas como extraordinarias. Tener en singular estimación a alguien o algo, juzgándolos sobresalientes y extraordinarios.


Pues bien, una persona que te atraiga, que te guste físicamente, que te caiga bien, que te haga reír y sientas que te entiende, que encaje a la perfección contigo en lo personal, en lo sexual ... Todos componentes importantes, pero el componente admirativo tiene mucho mayor peso. Es un componente más etéreo, intangible e incuantificable de la no menos etérea palabra Amor. La admiración es un componente esencial. El estar enamorado es sentir, percibir lo extraordinario de alguien. Verlo como alguien especial y único. Nunca nadie puede enamorarse de alguien al que no admire, que en ciertos sentidos sientas que es mejor, que destaque entre el resto en ciertos aspectos de los cuales es posible que ni se tenga conciencia de ello, pero que la admiración está ahí. Es un sentimiento de mucha fuerza que puede morir ante los envites continuados de la rutina y el descubrimiento de la humanidad del otro. Complicado mantenerse sobre tremendo pedestal. Esta cotidianeidad puede tener dos efectos, deterioro o reforzamiento de ese Amor.


Esta Admiración no es algo carente de peligro, puede llegar a ser tal el embelesamiento, que uno puede llegar a creerse inferior a su pareja. Tanta es la fuerza que puede ejercer este sentimiento que resulta inevitable hacerlo patente a cada nuevo acto, en cada nueva frase. Casi hablaríamos de sentimiento pagano de idolatría. El peligro radica en que tu pareja llegue a creérselo, llegue a creer que es superior. Que llegue a pensar que quizás tú eres poco y que puede aspirar a alguien mejor, alguien a su nivel. Las comparaciones son odiosas, también en estos casos. Puede llegar a ver lo que los demás tienen y envidiarlo, quizás sólo es el reflejo del instinto de superación que todos llevamos dentro, un instinto que no sacia su estado actual de “todo son facilidades”.


Está claro que siempre hay alguien más guapo, más listo, más inteligente y más divertido que uno, pero que uno y que cualquiera. La perfección no existe. Pero para que a uno le quieran primero debe cumplir la máxima de quererse a sí mismo. Por que cuando uno se comporta como un trapo es que será un trapo, y nadie quiere a un trapo. Los trapos se usan y se tiran. Nadie puede Admirar a un trapo, por muy bien que te trate y te haga sentir como un rey/reina. Tu novio/a no espera de ti que seas un esclavo o una madre, espera un compañero/a con sus errores, sí, pero también con sus virtudes. Perfecto en su imperfección.


Hay que hacer sentir a tu compañero/a lo más importante del mundo, pero no olvides que eres tú el que se lo hace sentir y que lo sepa. No te avergüences de ello ni le quites importancia. Hay una frase que hay que grabarse en la cabeza, nunca interrumpas a quien te halaga. No hay nada más atractivo y más digno de Admiración que la seguridad en uno mismo y el amor propio, claro está, sin caer en el exceso, el auto bombo y el egocentrismo.

1 comentario:

sinfonia agridulce dijo...

nene, totalmente de acuerdo en q el punto de inflexión para colgarte de alguien es la admiración pero siempre con matices...

besos apo